martes, 11 de mayo de 2010

Con otros ojos.

Tengo que confesar que soy muy mal anfitrión de los otoños y los inviernos. Por lo general, los recibo con caras muy largas y largas horas de fastidio, melancolía, aburrimiento, tristeza y mal genio. Extrañamente, éste ha sido un año diferente teniendo en cuenta además que el otoño llegó de golpe y sin previo aviso. No se le ocurrió mandar la más mínima señal y no amenazó ni con una confundida llovizna limeña. El cielo gris es ya un hecho y las casacas empiezan a desfilar en las primeras planas de mi repertorio de tenidas invernales. Es extraño; hasta lindo estoy viendo el dulce gris limeño.

Será quizás, y me animo a tener una tormenta de ideas, que no tengo motivos para dejar que el clima afecte mis buenas ganas, será quizás que este año tengo y he tenido muchas cosas que celebrar y mi cerebro sigue celebrando, no viendo con claridad los oscuros tonos de este cielo. Será quizás que me comí el verano en restaurante de 5 tenedores o simplemente que entendí ya casi a mis treinta que la vida es una y hay que vivirla al máximo sólo cuidando no hacer daño al brother de al lado. Será quizás, que he visto últimamente como el mundo se pone de cabeza y que hay mil problemas más grandes que el que tiene uno mismo y sin tapar el Sol con un dedo, porque de eso se encargaron ya las nubes, me animo a decir ¡Bienvenido invierno! pase usted adelante que probablemente lo coma también en restaurante de 5 tenedores.

Ahora espero con ansias mi aniversario número 30, creyendo con fe ciega que todo lo que se viene en éste nuevo año que cumplo será mejor, confiando en que se vienen cosas increíbles y que mi imaginación estará activa para desafiar los fríos más mediocres, buscar la luz de un cielo maravilloso de cuando en cuando y ponerme al día con esas parrillitas que calientan el ambiente los fines de semana.

Me siento bien ahora, espero seguir así todos los días no pretendiendo no tener días buenos y malos, pero estar bien al fin y al cabo.

Siento algo extraño y creo que es bueno. Siento que vuelvo a tener 15 y créanme que no es la famosa crisis de los 30. Quizás estuve triste por muchos motivos durante mucho tiempo, y no me permití ser quién soy con los que más quiero. Creo que he dejado atrás esas tristezas que en algún momento relacioné directamente con los inviernos limeños y que apagaban por lo menos gran parte de mí. Creo que al fin aprendí a ver mi cielo gris diferente, ver el triste invierno simplemente con otros ojos.

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