martes, 11 de mayo de 2010

LIMA ESTÁ LINDA.

Lamentablemente tengo una memoria de mosquito, sobre todo para mantener claramente las fechas y guardar una cronología impecable de los sucesos de un fin de semana. Dejaré entonces un poco de lado los calendarios fallidos de mi cabeza para suponer que dentro de mi ficción todo esto pasó el viernes 30 de abril, el sábado 01 de mayo y el domingo 02 evidentemente del mismo mes.
La travesía empezó como a las 07:15 de la noche del viernes, cuando me junté con un grupo de personas extraordinarias y por demás interesantes rumbo al Parque de la Reserva, ahora con su genial atractivo y método de relax llamado “Circuito Mágico del Agua”. La verdad una experiencia llena de risas, fotos, piletas más que buenas, algunos zapatos mojados, guapos pedazos de pizza, olor a canchita y chicha morada. Que increíble es descubrir y aprovechar las cosas que una ciudad te brinda casi gratis. La comitiva, ya después de haber hecho el deporte de la semana se enrumbó a seguir viendo las aguas pero esta vez del espectacular y tradicional Hotel Bolívar. Pisco Sours vienen y Pisco Sours van, un poco de lentitud de por medio debido a la longevidad de los anfitriones pero al fin y al cabo pintoresco ya que todo respetaba una misma línea de tiempo. Gratos momentos mientras que el paladar agradece los sabores de nuestro cóctel insignia, la nariz celebra los olores de un estupendo piqueo, los ojos se pierden entre la plaza, la terraza y la gente y los oídos que no paran de escuchar buenas y graciosas historias. ¡¡¡Gracias gente!!!

Empieza el día sábado temprano en la mañana y es de aquellos días donde todo es medio fantasmagórico. Es feriado y las calles y pistas agradecen con brillo único la poca carga de buses, taxis y combis. El día era perfecto para pasear y hacer tranquilamente algunos quehaceres. Llegó la noche y vamos a celebrar el cumpleaños de una amiga a un bar típico Miraflorino con algunos conceptos nuevos incrustados en su arquitectura. Tan linda la gente, tan bueno el ambiente que me permití tomar algunas cervezas sentado y sin hacer absolutamente nada. Hace mucho no sentía tanta buena vibra conjugada en un solo lugar, y es que debe ser, que no era uno de esos sitios a los que ya no me gusta ir por sentirme parte de una gran bolsa de basura que tiran a la jaula de los chanchos. Hasta mañana sábado.

Y que rico es despertarse nuevamente temprano con ganas de seguir rompiendo el no hacer nada. La idea era ir a La Punta pero acabamos llegando a La Perla – Callao. Medios perdidos por no entender la extraña numeración de la avenida llegamos a un manjar de restaurante llamado “La Pescadería”. Bueno es poco y que rico se come en mi país carajo. Unos piqueos de campeonato y unos fondos casi orgásmicos fueron complementados gratamente por un postre que terminó animando las ganas de recorrer TODA la Costa Verde, desde La Perla hasta Chorrillos, como quizás nunca lo había hecho. Hasta paramos para meternos a un espigón que fuera de ser lindo era muy pintoresco. Los parapentes inmóviles se dejaban retratar en el cielo mientras que lo contrario sucedía en el mar y sus miles de aficionados al buen surf. Acabamos el día o al menos quiero creer que así fue, con una pequeña pestañeadita y una buena película en el cine.

Que rico es poder ver Lima con otros ojos y que rico es que nuestra ciudad de vez en cuando nos muestre la tranquilidad que aún lleva guardada muy adentro. Que rico es ver esta ciudad con esa calma que quedaba sólo en mis recuerdos y poder pasar de un sentimiento de odio a un sentimiento de gratitud.

Amigos, parques, música, diversión, cultura, comida, paisajes, más gente, un trago; Lima está linda, ¡Cuídala!

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